FUNDACION ANTONIO SAURA
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1. La seudo-Fundación Antonio Saura de Cuenca (España), creada en contra de la voluntad de Antonio Saura.

2. Autenticidad de las instrucciones post-mortem confirmada por Sentencia de 22 de noviembre de 2006

3. Decisión de archivo del procedimiento penal

4. Procedimiento administrativo sobre el conflicto de competencias de las autoridades fiscales en materia sucesoral entre la Junta de Comunidades de Castilla - La Mancha (el ejecutivo de CLM) y el Estado español.

5. Certificados de autenticidad engañosos emitidos por la seudo-fundación

6. La seudo-fundación viola los derechos de autor

7. Hechos y fechorías de Antonio Pérez, miembro fundador y “Director artístico” de la seudo-fundación

8. El Manifiesto del 12 de abril de 2006

9. Firmantes del manifiesto (PDF)

10. Deseo apoyar el manifiesto

11. ¿Cuál es el futuro de la seudo-fundación?

12. Carlos Saura y la herencia de su hermano

 
 
 

1. La seudo-Fundación Antonio Saura de Cuenca (España), creada en contra de la voluntad de
Antonio Saura.

El artista en su testamento, redactado el 29 de mayo de 1995 y posteriormente revisado el 5 de junio de 1997 -precisamente cuando fue informado de que padecía la leucemia que se lo llevaría un año más tarde- estableció la manera de proceder a la partición de su herencia entre sus dos herederas, y ordenó distintos legados a personas físicas e instituciones museísticas.

En las instrucciones post-mortem entregadas por Antonio Saura a su amigo y albacea testamentario, Olivier Weber-Caflisch, el artista encargó a sus herederas la misión de conservar sus archivos y otros documentos de trabajo. En relación con el proyecto de una fundación -entonces en vías de formación- que llevaría su nombre, Antonio Saura especificó textualmente lo siguiente:

“La fundación: La mayor parte de los compromisos suscritos en 1995, así como las promesas hechas ulteriormente, no han sido cumplidas hasta este momento. Mis llamadas de febrero y de junio han quedado sin respuesta. Los incumplimientos de las personas y de las administraciones concernidas no han permitido que este proyecto se realice. Su continuidad, tanto financiera como humana, no está asegurada, ni podrá estarlo en modo alguno el día en que yo ya no esté. Te pido expresamente que interrumpas todos los trámites en curso y que pongas fin a este proyecto mediante todos los medios cuyo empleo juzgues útil.
Ninguna fundación o institución análoga podrá crearse o llevar mi nombre sin el acuerdo previo y unánime de Mercedes, Marina y tuyo”.

Tras el fallecimiento de Antonio Saura, su albacea constató que efectivamente no se habían cumplido ninguna de las condiciones fijadas por el artista para que se realizara el proyecto de la fundación.

Por lo tanto, el albacea solicitó a los miembros del Patronato de la Fundación que se estaba creando que pusieran fin al proceso de su creación.

Respetuosos con la voluntad del artista, varios miembros del Patronato de la Fundación en vías de creación dimitieron espontáneamente, y en concreto lo hicieron: Juan Manuel Bonet, entonces Director del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, el Profesor Valeriano Bozal, Tomàs Llorens, entonces Director y Conservador del Museo Thyssen-Bornemisza, Mercedes Beldarraín, viuda del artista, y Marina Saura, su hija.

En cambio, otros miembros del Patronato solicitaron y obtuvieron la inscripción de esta seudo-fundación en el Registro Local de Fundaciones, en contra de la voluntad de su fundador, a pesar de que siguieran sin cumplirse las condiciones legales para esta inscripción y pese a que la misma hubiera sido rechazada varias veces en vida del artista.

En consecuencia, las herederas y el albacea se vieron obligados a oponerse judicialmente a esta inscripción, e iniciaron para ello un proceso contencioso-administrativo por el que solicitaron la anulación de la inscripción de la seudo-fundación.

Pese a ello, tanto la primera Sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Castilla-La Mancha (véase: Sentencia de la Sala de lo Contencioso-Administrativo de 7 de mayo de 2003), como la posterior de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo, con sede en Madrid, al resolver el recurso de casación planteado frente a la anterior (véase: Sentencia del Tribunal Supremo de 22 de noviembre de 2005), confirmaron la validez formal de esta inscripción.

A destacar que para fundamentar esta Sentencia el Tribunal Supremo no ha examinado -sino sencillamente descartado, considerándolas nulas y no procedentes- las instrucciones post-mortem entregadas por Antonio Saura a su albacea, de la misma forma que también se ha negado a examinar la autenticidad de dichas instrucciones post-mortem, puestas en tela de juicio por la seudo-fundación.

El Tribunal Supremo se ha limitado así a considerar estrictamente las condiciones formales de la inscripción de la fundación en el Registro de Fundaciones, sin detenerse en la voluntad claramente expresada por Antonio Saura de poner fin al proceso de creación de esta fundación, todo ello con base al motivo formal, posiblemente excesivamente rigorista, consistente en que el artista no empleó las mismas solemnidades notariales para sus instrucciones post-mortem que las empleadas en 1995 en el protocolo de constitución de la seudo-fundación.

A juicio de sus herederos y del albacea garante del cumplimiento de sus últimas voluntades, se trata de una lamentable denegación de la Justicia que consagra una clara impostura.

Y ello como consecuencia de que en ningún momento la justicia española ha examinado la cuestión de fondo, que consistía en definitiva en determinar si es o no jurídicamente admisible que una fundación pueda ser creada y existir en contra de la voluntad de la persona cuyos intereses pretende defender, en contra de la voluntad de sus herederas, y en contra de las determinaciones de su albacea testamentario.

Por lo demás es también lamentable que la más alta autoridad judicial española haya ignorado el hecho de que la seudo “Fundación Antonio Saura” no había cumplido con las condiciones legales que permitían su inscripción, y ello a pesar de la admisión de este hecho por sus impulsores.